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Qhapaq Ñan

1. Historia del Qhapaq Ñan
2. Proceso de candidatura
3. Plan de acción para el desarrollo del Qhapaq Ñan
4. El Qhapaq Ñan en Colombia
 
· El Camino en Colombia
· Historia del Camino Andino en Colombia
· Mesa binacional Colombia - Ecuador
· Proyecto Nacional de Inscripción del Qhapaq Ñan
· Proyecto de Inventario Arqueológico del área Andina del departamento de Nariño

Historia del Qhapaq Ñan

El Qhapaq Ñan, Camino Principal Andino fue el eje central del proyecto político-económico del imperio Inca. Este Camino Principal, de una longitud estimada en 6,000 km , servía de enlace a una red articulada de caminos e infraestructuras construidas a lo largo de más de 2.000 años de culturas andinas precedentes a los Incas. Todo este conjunto de caminos, con más 23,000 km lineales, vinculaba diversos centros productivos, administrativos y ceremoniales.

El Camino Principal, llamado también Camino Troncal de la Sierra , es el que articula las cimas más altas de la cordillera andina, y su tramo más visible se encuentra entre Quito y Mendoza. A este eje de gran altura la acompañan otros caminos paralelos que avanzan a lo largo de la costa pacífica. Entre ambos, como corredores transversales, otros caminos comunican el eje central con la costa y la amazonía. La red de caminos incaicos entrelazaba los centros de poder con lo más remotos parajes del Imperio. La malla vial tejía todo tipo de relaciones en el territorio. La cordillera no permitía trazados radiales y el itinerario estaba obligado a definir una secuencia longitudinal, siguiendo una jerarquía elemental basada en nudos de tráfico y ramales que disminuyen su tamaño y consistencia a medida que se alejan de los ejes principales. Su construcción responde a intereses comerciales, políticos, administrativos, estratégicos y militares, atravesando las cimas y las faldas de cordillera andina, para llevar las misivas del Imperio.

La red de caminos incaicos permitió la expansión y la organización del Imperio Inca. Ya la destreza de la cultura Wari o Chimú había sabido asociar de forma precedente grupos étnicos, santuarios y huacas en ámbitos de carácter regional. Pero el Imperio Inca articuló su red a nivel continental y sus caminos son una expresión excepcional de espíritu organizativo y de planificación de la fuerza de trabajo disponible. Ellos funcionaron como instrumento fundamental para unificar el Imperio de forma física y organizativa.

Se trata entonces de una mega-unidad de valor universal, de un gran patrimonio multinacional. Las reuniones de expertos han servido para identificar la significación cultural y el valor de unidad del conjunto, a fin de barajar las modalidades de inscripción, a través de distintas fórmulas de cooperación técnica.

El Camino Principal Andino es por excelencia la manifestación de un heroísmo silencioso, de formas elementales llenas de sabiduría, que atraviesan diferencias ecológico/económicas en vertical, enlazando culturas ligadas indisociablemente a una de las geografías más extremas del planeta. En el caso de los caminos, la proeza constructiva excede las necesidades funcionales de una red de comunicación. La enorme variedad tipológica, de escalas, de técnicas, de acabados y trazos, de delimitaciones, de formas de construcción, de materiales, nos hablan de nuevo de habilidades contractivas técnicamente impecables. El detalle con el que tratan de atenuar altitudes, construidas sin más fuerza motriz que la humana, en ausencia de animales de tiro o de la rueda, y gracias sólo a las rudas herramientas de piedra y madera o metal, dan buena cuenta de una gran aventura imperial de éxito consagrado en pocas generaciones.

Pero el Qhapaq Ñan fue también una vía de comunicación que permitió la difusión y madurez de las culturas regionales y la apropiación de valores culturales comunes, gracias a la expansión de lenguas como quechua y aymará, y con ellas, de la cultura y las cosmovisiones. El Camino expresa también la relación armónica y la adaptación de estos pueblos a la compleja naturaleza andina. Hoy, los paisajes culturales del Qhapaq Lan conforman un contexto excepcional en el que las culturas vivas andinas continúan siendo portadoras de un mensaje universal: la capacidad de convertir en ambiente de vida una de las geografías más difíciles del continente americano.