Sistema Hidráulico Arqueológico del Bajo Rio San Jorge y la Mojana
¿Qué es?
El Sistema Hidráulico Prehispánico del Bajo Río San Jorge y La Mojana es uno de los complejos de ingeniería con fines hidráulicos mejor conservados de Suramérica. Se localiza en la llamada “Depresión Momposina”, un paisaje predominantemente plano de ciénagas, caños y amplias llanuras de inundación. El sistema hidráulico se extiende por más de 500.000 hectáreas distribuidas entre los departamentos de Córdoba, Sucre, Antioquia y Bolívar.
La datación más temprana asociada a la construcción del sistema hidráulico prehispánico data del siglo X a.C., y su uso se mantuvo de manera continua hasta aproximadamente el siglo X d.C. Durante este extenso periodo, las sociedades que habitaron la región desarrollaron un profundo conocimiento de las dinámicas hídricas del territorio y diseñaron una compleja red de canales y camellones que les permitió almacenar, drenar y distribuir el agua en armonía con los ciclos naturales de inundación y sedimentación, en lugar de intentar controlarlos o eliminarlos. Con posterioridad al siglo X d.C., se presume que las poblaciones transformaron sus patrones de ocupación del territorio, privilegiando el establecimiento en las zonas más altas de la llanura, una dinámica que habría continuado hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI d.C.






Área Arqueológica Protegida - AAP
En reconocimiento de su valor, el Sistema Hidráulico Prehispánico del Bajo Río San Jorge y La Mojana fue declarado por el ICANH como Área Arqueológica Protegida (AAP), una figura especial de protección para zonas del país que cuentan con evidencias arqueológicas excepcionales, las cuales brindan aportes significativos al conocimiento de procesos sociales del pasado, cumpliendo con las valoraciones patrimoniales de representatividad, singularidad e integridad, buscando garantizar su preservación a largo plazo. Con más de 340.000 hectáreas, esta declaratoria es la de mayor tamaño en la historia de la arqueología colombiana.
La declaratoria reconoce el patrimonio arqueológico como una determinante del ordenamiento territorial de nivel 3, lo que significa que debe armonizarse con los instrumentos de planificación municipal y departamental de los nueve municipios de Córdoba y Sucre que hacen parte del área. Su delimitación se construyó a partir de un proceso de zonificación que combinó el análisis de aerofotografías, la verificación en campo y la participación de veintidós asentamientos locales, definiendo zonas de muy alto, alto y medio potencial arqueológico con distintos niveles de intervención permitidos.
Como Área Arqueológica Protegida, el territorio cuenta con un Plan de Manejo Arqueológico (PMA) que regula usos e intervenciones del suelo, y a la vez, orienta la conservación, investigación, divulgación y sostenibilidad del patrimonio arqueológico presente, buscando que esta protección sea compatible con la vida y las actividades productivas de las comunidades que hoy habitan la región.
Estructuras que lo componen
El sistema está conformado por distintos tipos de estructuras las cuales aún se conservan en el paisaje:
- Canales: excavaciones lineales usadas para el drenaje, el tránsito acuático o el almacenamiento de agua.
- Camellones: acumulaciones de tierra junto a los canales, que servían como muros de contención, vías de circulación o campos de cultivo.
- Túmulos o montículos funerarios: elevaciones circulares de tierra usualmente destinadas al enterramiento.
- Plataformas de vivienda: elevaciones de tierra, generalmente de forma cuadrangular, sobre las que se construían las viviendas, protegiendolas de las crecientes.
Sobre estas plataformas y camellones, las comunidades cultivaron una dieta diversa basada en tubérculos como la yuca dulce y la batata, complementada con maíz, ají, calabaza, frutales y una gran variedad de peces, moluscos, reptiles y mamíferos propios de los humedales, lo que les permitió sostener una población numerosa sin necesidad de una agricultura intensiva de una sola especie. Los materiales recuperados en estos sitios (cerámica, hueso, concha y orfebrería) han permitido reconstruir una secuencia cultural de varios siglos y evidencian los vínculos de estas poblaciones con otras sociedades prehispánicas del Caribe colombiano.
