Carta de despedida Alhena Caicedo Fernández Directora del ICANH

Estimados colegas, funcionarios, contratistas y trabajadores del ICANH:

Hoy culmina este ciclo al frente del Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Después de cuatro años de trabajo intenso, me despido con una enorme gratitud y con el orgullo de haber tenido la oportunidad de dirigir una institución pública dedicada a la investigación social, la producción de conocimiento sobre nuestra diversidad y el cuidado de los legados del pasado.

Han sido años exigentes, llenos de aprendizajes, desafíos y transformaciones. Por eso, antes de partir, quiero recordar algunas de las cosas que nos propusimos y que hoy son una realidad. No como un inventario de resultados individuales, sino como el testimonio de lo que logramos colectivamente gracias al compromiso de quienes integran el ICANH.

Nada de esto habría sido posible sin la inversión histórica que el Gobierno del Cambio destinó al sector de las culturas y que permitió duplicar el presupuesto asignado al Instituto. Estos recursos se tradujeron en nuevas capacidades para cumplir nuestra misión y, sobre todo, en mejores condiciones para las personas que la hacen posible.

Hoy estamos ante un nuevo ICANH, fortalecido con 115 nuevos puestos de trabajo, incluidos los de los trabajadores oficiales de los parques, quienes finalmente pudieron ser formalizados. Equipos como los de Arqueología, Secretaría General y Jurídica, que venían trabajando en condiciones críticas, pudieron reforzarse; se invirtió en capacidad regional mediante la conformación de equipos territoriales y se creó la Oficina de Tecnologías, que era una deuda institucional para garantizar la transformación digital. También se fortalecieron las tres subdirecciones con nuevos cargos en investigación, gestión del patrimonio y apropiación social, y varios funcionarios de carrera tuvieron la oportunidad de avanzar profesionalmente mediante encargos.

Habrá quienes dirán que esta transformación “aumentó la burocracia”. No se trata de crear burocracia ni simplemente de ampliar una planta de personal. Se trata de reconocer que una institución responsable de más de sesenta obligaciones legales necesita equipos suficientes y especializados, con condiciones laborales dignas y plenas garantías. Pudimos reducir en más del 40% la dependencia de contratos de prestación de servicios y avanzar en la superación de un modelo que, durante décadas, sostuvo buena parte de la operación institucional mediante formas de trabajo flexibilizadas. Fortalecer el ICANH fue, ante todo, reconocer que su mayor riqueza está en su gente.

También dimos pasos decisivos para que el Instituto tuviera una presencia más amplia en el país. Hoy contamos con tres centros regionales —Caribe, Pacífico y Amazonía-Orinoquía— que buscan descentralizar el ejercicio misional y construir conocimiento desde los territorios y con quienes los habitan.

En alianza con universidades regionales, impulsamos las Cátedras del Caribe y del Pacífico y la Cátedra ICANH como espacios para la formación de nuevas generaciones de investigadores. Asimismo, contamos con investigadores e investigadoras de las tres regiones dedicados a proyectos sobre problemáticas locales y regionales, del pasado y del presente. Su trabajo resulta fundamental para comprender, de forma profunda y situada, los desafíos sociales, ambientales, políticos, económicos y culturales que se enfrentan en el territorio nacional.
Durante estos cuatro años también aumentamos significativamente la inversión pública en estímulos para la investigación en antropología, arqueología e historia; la gestión del patrimonio, y la divulgación y apropiación social del conocimiento. En el cuatrienio anterior se invirtieron $637 millones y se otorgaron 61 estímulos. Durante este gobierno entregamos 158 estímulos, con una inversión de $4.948 millones, y promovimos una participación sin precedentes en prácticamente todos los departamentos del país. A través de convocatorias regionalizadas, abrimos oportunidades para territorios que históricamente habían tenido menos posibilidades de acceder a estos recursos.

El ICANH se reconoce hoy con mayor claridad como un centro de investigación de vocación pública. La adopción y actualización de las políticas de investigación, editorial y de apropiación social del conocimiento, entre otras, permitieron fortalecer la producción de nuevo conocimiento en ciencias sociales, la incidencia institucional, el sello editorial y las revistas científicas. También nos permitieron ampliar las formas de investigar y divulgar mediante la investigación-creación en formatos audiovisuales, sonoros y museográficos, así como acercarnos a públicos cada vez más diversos.

Ese fortalecimiento se refleja en el posicionamiento alcanzado por nuestras publicaciones en espacios como la Feria Internacional del Libro de Bogotá; en las iniciativas audiovisuales, los pódcast y las exposiciones itinerantes, y en los laboratorios de creación y los colaboratorios desarrollados en distintas regiones del país. También se expresa en el incremento de la inversión institucional en investigación, que durante este periodo llegó a ser casi cinco veces mayor.

De igual forma, el Instituto demostró su capacidad para brindar conocimiento experto, autónomo e independiente al Estado y a la sociedad. El cuidadoso seguimiento de sentencias judiciales y la producción de conceptos técnicos especializados en antropología, arqueología e historia confirmaron el valor del ICANH como órgano científico y asesor.

A esto se sumó una transformación tecnológica que, en tres años, permitió poner al servicio de la ciudadanía herramientas como el Explorador de Conceptos, el Geovisor del Patrimonio Arqueológico, la Ventanilla Única, la aplicación Ayllu y CERARCO, entre otros sistemas de información que fortalecen la transparencia, facilitan los trámites y amplían el acceso al conocimiento producido por el Instituto.

También avanzamos de manera significativa en la protección del patrimonio arqueológico colombiano. Declaramos dos áreas arqueológicas protegidas de enorme importancia: la del Galeón San José, primera declaratoria de esta naturaleza sobre patrimonio cultural sumergido, y la del Sistema Hidráulico del Bajo San Jorge y La Mojana, una deuda histórica que el Estado colombiano tenía con uno de los legados prehispánicos más importantes existentes en el territorio nacional.

En estos cuatro años, en asocio con la Cancillería y el Ministerio de las Culturas, se recuperaron 1.194 bienes arqueológicos que estaban en el exterior y se adelantó una importante gestión diplomática para el retorno de la Colección Quimbaya y las estatuas de San Agustín que aún permanecen en Europa. Sin embargo, recuperar estos bienes era solo una parte de la tarea. Lo más importante era saber qué hacer con ellos: cómo investigarlos, conservarlos y ponerlos al alcance de la ciudadanía. Por ello, avanzamos como nunca antes en el inventario de las colecciones arqueológicas a cargo del Instituto, que hoy se encuentra actualizado en más del 80 %, y desarrollamos apuestas museológicas y de divulgación como la exposición Pasados en retorno, en el Museo Nacional de Colombia; la sala Historias y memorias del litoral Pacífico Sur, de la colección Tumaco-La Tolita, y la serie audiovisual El futuro del pasado.

Mediante alianzas de cooperación internacional y aportes de organizaciones aliadas —el Fondo de Embajadores de los Estados Unidos, la Fundación ALIPH, la cooperación coreana, WMF y FIAN, entre otras— también adelantamos intervenciones estratégicas para la conservación de nuestros parques y áreas arqueológicas. Estos esfuerzos permitieron fortalecer la protección de lugares que no solo tienen un enorme valor histórico y científico, sino que hacen parte de la vida, la memoria y la identidad de las comunidades que los rodean.

En San José del Guaviare, con la adquisición de un predio en la vereda Cerro Azul, comenzamos a hacer realidad el Centro Comunitario de Investigación de La Lindosa, como estrategia de protección del área de amortiguamiento de Chiribiquete y para consolidar un nuevo modelo de gestión del área arqueológica protegida construido en conjunto con las comunidades locales que durante años han cuidado este patrimonio. La Lindosa representa una apuesta por demostrar que la investigación, la conservación y la participación comunitaria no son caminos separados, sino dimensiones de una misma responsabilidad pública.

Un instituto público como el ICANH debe responder a las necesidades de un Estado que requiere conocimiento sobre su diversidad regional, social, étnica y cultural, del pasado y del presente, para formular políticas públicas coherentes y oportunas. Esa condición también lo interpela frente a la esfera pública, en la que debe responder de manera pertinente a asuntos de interés común y a los distintos públicos que conforman la ciudadanía a la que se debe.

Esa vocación pública se expresó en el inicio de la investigación científica del Galeón San José, desarrollada en articulación con la Armada Nacional, la Dirección General Marítima y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. En un tiempo relativamente corto, este proyecto produjo resultados académicos de excelencia en historia y arqueología, con más de diez publicaciones científicas acreditadas en los últimos dos años. Asimismo, logró una destacada presencia en escenarios nacionales e internacionales mediante la participación de los equipos en más de setenta eventos. Con ello, se abrió un campo de investigación en patrimonio cultural sumergido que hoy posiciona al ICANH como referente regional en la materia.

No obstante, sabemos que el conocimiento sobre el pasado y sobre la diversidad social y cultural no pertenece exclusivamente a los especialistas. Por ello, el ICANH también se abrió a nuevas formas de producción y circulación de conocimiento con otros. En ese sentido, el trabajo mancomunado con la gente, a través de metodologías como los colaboratorios, los laboratorios de creación y las curadurías conjuntas, así como la colaboración con iniciativas ciudadanas como la veeduría por la repatriación de la estatuaria de San Agustín, el Comité Intercultural del Darién, el pueblo kogui de la Sierra, los grupos culturales de La Lindosa y Tumaco, las comunidades aledañas a los parques y decenas de organizaciones sociales, étnicas y comunitarias a lo largo y ancho del país, ha reafirmado la vocación pública del Instituto.

En este periodo también vimos nacer el sindicato del ICANH y suscribimos el primer acuerdo sindical de nuestra historia. La organización de las y los trabajadores demuestra que existe un interés genuino por participar en las decisiones institucionales y que es posible construir acuerdos que protejan sus derechos y su bienestar. Deseo que el sindicato continúe fortaleciéndose y se consolide como un instrumento para la defensa integral de la institución, de sus trabajadores y de su misionalidad.

Sé que todo lo alcanzado es apenas un punto de partida. Persisten rezagos, deudas históricas y desafíos que requerirán continuidad y recursos. Cuidar los avances logrados será una responsabilidad colectiva. De ello dependerá que el ICANH pueda seguir aportando, desde las distintas regiones, a la construcción de una sociedad más justa, capaz de reconocer el valor de su diversidad y de relacionarse de manera crítica con sus múltiples pasados y presentes.

En un momento histórico como el que estamos viviendo, marcado por una reorganización geopolítica en ciernes, vemos resurgir sensibilidades reaccionarias y ataques a la diferencia, en favor de perspectivas de mundo cada vez más homogéneas y estandarizadas, dictadas por algoritmos que controlan el consumo y las mentes. En este contexto, la labor del ICANH resulta especialmente necesaria. Los riesgos de la simplificación y la estandarización no son ajenos al Estado ni a las instituciones públicas, pero el trabajo de investigación del ICANH siempre ha sabido reconocerlos y alertar sobre ellos. Investigar con rigor, comprender la complejidad de los procesos sociales y proteger la diversidad son tareas esenciales para la democracia. Me voy convencida de que el Instituto tiene una responsabilidad irremplazable en los años que vienen.

Quiero agradecer a los trabajadores oficiales de los parques arqueológicos; a quienes trabajan en las áreas administrativas; a las investigadoras y los investigadores; a los profesionales y equipos de apoyo de las áreas misionales y de las oficinas; a funcionarios y contratistas; al Consejo Directivo, al Comité Directivo y al equipo de Dirección. Gracias por su entrega, su conocimiento y su compromiso durante estos años.

Han sido ustedes quienes han hecho posible que hoy exista un ICANH con mayor presencia en el país, con mejores condiciones para sus trabajadores y con capacidades fortalecidas para producir nuevo conocimiento sobre el pasado y el presente; un Instituto que protege los legados históricos y arqueológicos y reconoce a la ciudadanía como partícipe de esa tarea.

Me voy feliz, profundamente agradecida y orgullosa de haber hecho parte de este ICANH y de haber podido hacerlo durante este gobierno. Agradecida por todo lo que aprendí de ustedes y por la generosidad con la que compartieron sus conocimientos, experiencias y convicciones. Y orgullosa de haber acompañado a una institución que hoy tiene mayores capacidades, está más presente en las regiones y se encuentra más abierta al diálogo con la ciudadanía.

Confío en que quienes continúan cuidarán lo alcanzado, defenderán su vocación pública y seguirán ampliando su capacidad para investigar, proteger y compartir los múltiples pasados y presentes que conforman nuestro país.

Con gratitud y afecto,

Alhena Caicedo Fernández
Directora del ICANH

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