Cuando los grupos humanos habitan un lugar dejan en él señales de su vida allí, restos materiales que quedan en estos sitios, a veces porque así lo quisieron los habitantes, y otras veces sin intención. A medida que pasa el tiempo estos restos son cubiertos por la arena, la vegetación o el agua, según las características del lugar, y quedan prácticamente escondidos para las nuevas generaciones. Sin embargo, a veces, por su monumentalidad, se mantienen al descubierto.

Descubrir estos lugares, localizar y dar a conocer estos restos materiales, estudiarlos y contarle al mundo qué significan, es tarea de los arqueólogos. Ellos son capaces de descifrar cómo vivía un pueblo del pasado a partir de las pistas que obtienen de los objetos encontrados, información que se complementa con lo que nos dicen los libros y los archivos de historia. Los lugares en donde se encuentran estos restos materiales se conocen como “zonas arqueológicas” o “áreas arqueológicas” y merecen una protección especial porque son objetos que nos permiten conocer a nuestros antepasados.
